La Oración y las Doce Promesas del Sagrado Corazón
Un Corazón que lleva más de tres siglos cumpliendo su palabra, casa por casa.
Hay promesas que se rompen. Promesas de personas, de planes, de tiempos mejores. Pero hay un Corazón que lleva más de tres siglos cumpliendo su palabra, casa por casa, alma por alma.
Entre 1673 y 1675, en un monasterio escondido de Paray-le-Monial, Francia, Jesús se apareció a una religiosa joven y desconocida: Santa Margarita María de Alacoque. Le mostró su Corazón — coronado de espinas, envuelto en llamas — y le dijo algo que todavía estremece:
“He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y que de la mayor parte no recibe más que ingratitud.”
— Jesús a Santa Margarita María, Paray-le-Monial
Nadie le creyó al principio. La tacharon de exagerada, de enferma, de soñadora. Y sin embargo, de ese rincón olvidado de Francia nació la devoción que hoy sostiene a millones: la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, su oración y sus doce promesas.
No es una devoción de museo. Es un Corazón vivo, que sigue prometiendo. Y sigue cumpliendo.
Oración al Sagrado Corazón de Jesús
Oh Sagrado Corazón de Jesús, fuente de todo bien: yo te adoro, creo en Ti, espero en Ti, te amo, y me arrepiento de todos mis pecados. Te entrego este pobre corazón mío; hazlo humilde, paciente, puro, y enteramente conforme a tus deseos. Concede, buen Jesús, que yo viva en Ti y para Ti. Protégeme en los peligros, consuélame en las aflicciones; concédeme la salud del cuerpo, asistencia en mis necesidades temporales, tu bendición en todo lo que haga, y la gracia de una santa muerte. Amén.
Las Doce Promesas del Sagrado Corazón
Para quienes honren su Corazón y vivan esta devoción, Jesús prometió:
— I. Les daré todas las gracias necesarias a su estado de vida.
— II. Pondré paz en sus familias.
— III. Los consolaré en todas sus penas.
— IV. Seré su refugio seguro durante la vida y, sobre todo, en la hora de la muerte.
— V. Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas.
— VI. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.
— VII. Las almas tibias se volverán fervorosas.
— VIII. Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección.
— IX. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y sea honrada.
— X. Daré a los sacerdotes el don de mover los corazones más endurecidos.
— XI. Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi Corazón, y jamás será borrado de él.
— XII. A todos los que comulguen los Primeros Viernes de mes, durante nueve meses seguidos, les prometo la gracia de la perseverancia final: no morirán en mi desgracia ni sin recibir los sacramentos, y mi Corazón será su refugio seguro en aquella hora postrera.
Vuelve a leer la novena promesa: “Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y sea honrada.” No habla de templos ni de catedrales. Habla de casas. De la tuya.
Un lugar de honor en la sala. Una oración cada mañana al pasar. Una casa que le dice a Jesús: aquí eres Rey.
Entroniza el Sagrado Corazón en tu hogar. “Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y sea honrada.”
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.